Tu luz propia, te hará brillar

Llevamos varias semanas donde la lluvia, el viento, los cielos grises y el mal tiempo, en general, dominan el panorama meteorológico de un día tras otro.

 

Aun, agradeciendo esa lluvia que no es tan necesaria, a mí me pasa que llega un momento en el que necesito ver la luz del sol para salir de ese entumecimiento al que me lleva este tiempo. Me sumerge en una especie de aletargamiento que incluso llega a restarme energía, me ralentiza, y si ya se prolonga en el tiempo, me agota y es cuando anhelo con mayor ímpetu ese sol. ¿Te pasa a ti lo mismo?

 

Esto me ha hecho caer en tres reflexiones. La primera, que valoras lo que tienes cuando ya no lo tienes. La segunda, que puede ocurrir que cuando tienes una cosa, la das como algo normal y le puedes restar esa importancia. Y la tercera,  que hay veces que, en nuestra vida, podemos poner el foco en ese “mal tiempo” y dejarnos contagiar por lo que eso conlleva, no viendo que detrás de la oscuridad hay luz.

 

¿A qué me refiero si me lo traigo a cuestiones personales? A que cuántas veces, podemos dirigir la mirada a  lo que nos falta y no a lo que tenemos, a nuestras limitaciones y no a nuestro potencial,  a lo negativo y no a lo positivo. Cuando este patrón de respuesta se repite una y otra vez, te impide amar lo que verdaderamente eres y puedes poner el foco en lo externo comparándote con los demás, sin apreciar, para nada, todo lo bello y característico que te hace ser como eres. Ahí está tu verdadero valor y poder personal.

 

Es más, puede que incluso, la imagen que tienes de ti no sea real, basada en las cualidades, habilidades, características, etc que ya tienes en este momento, sino que sea una imagen idealizada de lo que te gustaría ser. Tener una imagen ideal no es algo malo per se, si esa distancia entre ambas, la usas desde la consciencia, planteándote objetivos alcanzables y motivantes para ti, para llegar a tu mejor versión, reduciendo en el camino esa distancia.

 

El problema está en si esa imagen ideal tiene poco que ver contigo y mucho con “lo que debes ser”, es un escape o evasión para no ver tus limitaciones, son sueños o deseos vacíos y no verdaderas necesidades,  o simplemente dirige, de forma inconsciente, tu vida porque te la crees o quieres creértela a pies juntillas.  La frustración, la voz crítica, la autoexigencia y sobre todo la culpa, te pueden llevar a esa comparación de la que hablábamos arriba y a no apreciar lo que eres.

 

Pon el FOCO en tu imagen real y conecta, desde ahí, con lo mejor de ti mism@, con tu mejor versión para caminar por el sendero que te ofrece la oportunidad de descubrirte buscando “ese algo” que sabes que tienes y te hace únic@. Desde ahí puedes sacar tu luz.

 

Dado que hoy, por lo menos en Madrid, hemos visto esa luz, ha salido el sol y teniendo en cuenta que en pocos días va a hacer su entrada la primavera, me gustaría usarla como símil para visualizar lo dicho.

 

¿Qué nos diría la primavera si hablase respecto a cómo es? ¿Qué es lo que la define? ¿Cuál es su esencia? ¿Qué es lo que la hace brillar como tal?

 

Probablemente nos diría que es florida, que está llena de colores, de olores, que tiene una temperatura agradable, que puede generar alguna que otra alergia, que sus horas de luz van aumentando…

 

No me la imagino hablando de ella comparándose con el invierno, con el otoño o con el verano. Y mucho menos sintiéndose inferior por no tener grados bajo cero, caída de hojas o canción del verano. Acepta que es primavera y desde ahí se expresa.

 

Y tú, ¿te expresas desde lo que eres? ¿Dejas ver tu luz? Y si no es así, ¿qué te impide brillar cómo lo que tú eres?

 

Os dejo con este cuento que visibiliza lo diccho y con su protagonista…

La pequeña luciérnaga

Había una vez una comunidad de luciérnagas que vivía en el interior del tronco de un altísimo lampati, uno de los árboles más majestuosos y viejos de Tailandia. Cada anochecer, cuando todo se quedaba a oscuras y sólo se oía el murmullo del cercano río, todas las luciérnagas abandonaban el árbol para llenar el cielo de destellos. Jugaban a hacer figuras con sus luces bailando en el aire para crear un sinfín de centelleos más brillantes y espectaculares que los de un castillo de fuegos artificiales. Pero entre todas las luciérnagas que vivían en el lampati, había una muy pequeñita a la que no le gustaba salir a volar.

  • No, no, hoy tampoco quiero salir a volar- decía todos los días la pequeña luciérnaga-.

 

Tanto sus abuelos como sus padres, hermanos y amigos esperaban con ansiedad a que llegara la noche para salir de casa y brillar en la oscuridad. Se lo pasaban tan bien que no comprendían cómo la pequeña luciérnaga no les acompañaba nunca. Le insistían para que fuera con ellas a volar, pero no había manera de convencerla.

  • ¡Que no quiero salir a volar!- repetía la pequeña luciérnaga.

 

Toda la comunidad de luciérnagas estaba muy preocupada por la actitud de la pequeña. Pasaban los días y la pequeña seguía encerrada sin salir de casa.

 

Un anochecer, cuando todas las luciérnagas habían salido a volar, la abuela luciérnaga se acercó a la pequeña y le preguntó con delicadeza:

  • ¿Qué te sucede, mi pequeña niña? ¿Por qué nunca quieres salir de casa? ¿Cuál es la razón por la que nunca quieres venir a volar e iluminar la noche con nosotros?
  • ¡No me gusta volar!- respondió la pequeña luciérnaga
  • Pero, ¿por qué no te gusta ni volar ni mostrar tu luz?
  • Pues…- explicó por fin la luciérnaga-, ¿para qué he de salir si con la luz que tengo nunca podré brillar como la luna?. La luna es grande y brillante y yo a su lado no soy nada. Soy tan pequeñita que a su lado no soy más que una ridícula chispita. Por eso nunca quiero salir de casa y volar, porque nunca brillaré como la luna.
  • ¡Ay, mi niña!- sonrió la abuela-. Hay una cosa de la luna que has de saber y que desconoces
  • ¿Y qué es lo que debo saber?
  • Has de saber que la luna no tiene la misma luz todas las noches. La luna cambia todos los días. Hay noches en que está radiante. En cambio en otras se esconde, su brillo desaparece y deja al mundo sumido en la más profunda oscuridad.
  • ¿De veras que hay noches en que se esconde la luna?
  • ¡Claro que sí, mi niña!. Hay noches en que la luna es enorme y otras en que se hace invisible. La luna no siempre brilla con la misma intensidad. La luz de la luna depende del sol. En cambio tú, pequeña, siempre brillarás con la misma fuerza y lo harás con tu propia luz.

 

A partir de entonces la pequeña luciérnaga salió cada noche a volar con su familia. Y así fue como aprendió que cada uno ha de brillar con su propia luz.

Relato tradicional de Tailandia extraído del libro de

J.M. Hernández y A. Sáinz de la Maza. “Cuentos de todos los colores”.

 Ed. RBA-Libros, 2004

 

Efectivamente tu luz es lo que te hace brillar, no lo olvides. Para enfatizar, si cabe, aún más este mensaje, me quiero despedir hoy con una frase de Frederick Keoning, que creo resume, muy bien, todo lo anterior: “Tendemos a olvidar que la felicidad no viene como resultado de obtener algo que no tenemos, sino de reconocer y apreciar lo que tenemos”

 

Me encantaría leer tus comentarios y las reflexiones a las que te ha podido llevar este cuento. Compártelas, porque seguro que así ampliamos otros puntos de vista.

 

Te espero en el próximo post y mientras tanto, ya sabes, ¡se tú y brilla desde tu Belleza Imperfecta!

 

2 comentarios
  1. Elena
    Elena Dice:

    Qué bonito cuento!!!
    Es muy cierto q hemos de brillar con nuestra propia luz( aunque a veces no nos demos cuenta de lo mucho q valemos)…ánimo a tod@s a buscar esa autenticidad q siempre nos recuerdas Tere.Gracias siempre por tus consejos.Enhorabuena de nuevo por tus trabajos!!!!

    Responder
    • Teresa Contreras
      Teresa Contreras Dice:

      Hola Elena:

      Gracias por tus palabras y por animar a todas las personas a buscar su propia autenticidad. El día a día y su vorágine nos aparta, a veces, de apreciar esos pequeños detalles que nos hacen ser lo que somos, sin trampa ni cartón.

      Una vez más, gracias por compartir y un abrazo.

      Responder

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